Nadie es (profeta) VIAJERO en su tierra

“Allá hallarás mi querencia. El lugar que yo quise. Donde los sueños me enflaquecieron. Mi pueblo, levantado sobre una llanura. Lleno de árboles y de hojas, como una alcancía donde hemos guardado nuestros recuerdos. Sentirás que allí uno quisiera vivir para la eternidad.” Juan Rulfo, Pedro Páramo

Marco vive en Venecia y, en una oportunidad que tuve de ir, se dio a la tarea de acompañarme en mi encuentro con la ciudad. Mi sorpresa fue su vibrar. Se admiraba casi como yo. Ambos accedíamos  ante la emoción de su expectativa cuando proponía el siguiente destino. Era evidente que las cosas eran distintas a como él las recordaba: personas, colores, usos de los espacios, tamaños, vegetación, lo que ya no estaba o había dejado de suceder, lo que era claramente igual pero se veía distinto… Habían cambiado él y el espacio (físico y en su dinámica), bella multiplicación que abre posibilidad de reencuentro. Era claro, hacía tiempo que no ¨turisteaba¨ su ciudad.  Y yo pensaba: ¡PERO ES VENECIA!

A partir de ahí comencé a observar a las personas en su entorno y llegué a tres conclusiones: la primera es que pocos viajan su ciudad, nos envuelve la cotidianeidad y los hábitos; la segunda es que no importa si la ciudad es considerada turística o no, los habitantes en mayor o menor medida comparten el comportamiento (es decir, lo mismo la Ciudad de México que Culiacán o Milán); y por último, que cuando se presenta la oportunidad, los reencuentros sorprenden.

El viajero se mueve de su espacio geográfico habitual motivado por diversos fines. No encuentra, busca (como los amorosos de Sabines).

Cuando nos encontramos en un entorno nuevo por interés, abrimos un poco más nuestros sentidos. Nos disponemos a recibir. Somos curiosos, perceptivos, amables ante las diferencias. Reconocemos similitudes. Preguntamos. Cuando viajamos, normalmente es así. Entonces, ¿por qué no viajar nuestra ciudad?

León y yo llevamos un año de reencuentro. Ambos crecimos y cambiamos. Enamoramiento. Me encanta. Lo vivo, lo disfruto, lo presumo… sus espacios se me revelan.

Me encontré una jacaranda hermosa en el Parque Hidalgo, el Bum Bum en el Barrio Arriba, la Madero, la oferta cultural, el respeto a nuestra identidad (cuchilleros, zapateros, curtidores, textileros, conspiradores, bicicleteros), los Almuerzos Mexicanos, un nuevo edificio de departamentos a base de contenedores en la salida a Lagos, nuestro Arco y su León que funge de puerta… invita al corazón, mi familia transformada, las guacamayas, Vanessa, la casa de mi abuela, el movimiento ciclista de los miércoles (y mi bici Benotto 72), las quesadillas del mezquitito, la Pollita, mi universidad, mi escuela primaria ¡que ahora es la de mis sobrinos!, la Patiña, El Forum, las hamburguesas de los cuñaos, la banda que corre, la Josefa Ortiz de Domínguez, el Parque Metropolitano, la cebadina, la sabiduría que tienen ahora los amigos de mis papás, el IMAX, los tacos de Don Luis, Plaza de Gallos, el Parque de Valle del Campestre, el fut, el Templo de la Paz, el teatro… los que llegaron y los que ya no están. Las increíbles personas que he conocido y reconocido en los últimos meses… mi León generoso.

Zapatero del Barrio de San Juan de Dios  /  Foto: Fernando Gómez Mancera  "f de foto"

Zapatero del Barrio de San Juan de Dios / Foto: Fernando Gómez Mancera “f de foto”

Propongo redescubrir nuestros espacios. Reforzar nuestra identidad aceptando el entorno, involucrándonos con su cambiar. La experiencia será distinta por el simple hecho de que el tiempo pasa. Cambia el contexto pero, sobretodo, cambiamos nosotros y con esto, nuestra percepción. Dejarnos sorprender y reconectarnos es menester.

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Pedazos de tránsito

“I was surprised, as always, by how easy the act of leaving was, and how good it felt. The world was suddenly rich with possibility.”—Jack Kerouac (On the Road)

“Pero… ¿usted dónde vive?” me preguntaron en migración al llegar al aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México. La señorita vio un pasaporte abarrotado de sellos carente  de secuencia cronológica y me miraba con extrañeza. No pude responder inmediatamente. Fue una pregunta cuasi filosófica. La respuesta más sensata era “viajo con mi casa”.

 Pasaporte

Me declaro nómada:

  •  Intento abrir la habitación de mi hotel en Buenos Aires con la llave del de Sao Paolo.
  • Tramitan mi visa ucraniana en el consulado de Milán y la rusa en la embajada de Londres.
  • (León*20)+(Guadalajara*5)+(Donetsk*0.4)+(Turín*0.08)+(D.F.*3)+(Los Cabos *0.2)+(Londres*0.4)+…
  • En ninguna ciudad me cortan bien el pelo.
  • Doy indicios de fobia a hacer maletas.
  • Formulo una frase con tres idiomas.
  • En mi equipaje no faltan los adaptadores, los discos duros de respaldo, mi playera de México, mi libretita de ideas, dos libros, chocolates, la crema para rizos, tenis y mis lentes de sol.
  • Giro porque tengo un punto de apoyo.
  • Cuando hablo de mi familia tengo acento y vocabulario leonés, cuando hablo de finanzas es tapatío.
  • Voy sustituyendo el inglés que me enseñaron en la escuela por el que se habla en todo el mundo (no es igual).
  • El whatsapp y mi facebook son más importantes que mis tres cuentas de correo electrónico.
  • El mundo no está preparado para este trabajo. Los trámites de visa son insufribles.
  • Lloro cuando escribo cartas.
  • +distancia –influencia
  • Dejo una rebanada de mí en cada lugar.
  • Uno también está donde lo piensan.
  • “El teléfono no acerca, confirma las distancias” dice Simone de Beauvoir (y los aviones, y el skype…)
  • Siembro siempre.
  • Estos ojos coleccionan diversidad.
  • Confirmo: las ciudades hay que comerlas.
  • El mundo es como el chorrito de la canción: se hace grandote y se hace chiquito. La geografía no es absoluta.
  • Es casi dolorosa la idea de la posibilidad de tantos futuros.
  • YOQUIEROUNPARASIEMPRE.
  • Me pausa la velocidad.
  • El cambio también es adicción.
  • Serumoraquenotengoremedio.
  • Confirmo: los sueños se hacen realidad.
  • Las despedidas se huelen (mastique antes de tragar)
  • Mi filosofía: “NO TE SALVES” (Gracias Benedetti)
  • Sospecho fuga.

Me declaro nómada (por ahora). Hacer tierrita eventualmente es menester.

Aeropuerto de Londres, mientras escribo esto...

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Diversity Rocks

“No esperes resultados distintos haciendo lo mismo” Einstein

“¡Tenemos un problema muy grave!” me dijo Paolo cuando entró a mi oficina temporal en Ucrania mientras yo trabajaba absorta en silencio. Levanté la vista de inmediato y le di toda mi atención. Lo escuchaba mientras hablaba en un tono más alto de lo normal intentando explicarme en inglés (segundo idioma de ambos) la gravedad del asunto. Subrayaba sus frases con un lenguaje corporal que incluía movimientos bruscos de los brazos que subían y bajaban con rapidez. Su mirada buscaba mis ojos ametrallando el final de cada frase que agitaba más y más su respiración. Por un  momento dejé de escucharlo. Pensé: tendremos que cancelar el evento. Otros tres episodios así me tomaron entender que en la cultura laboral italiana, manotear y agitarse es muy normal y no necesariamente indica tanta gravedad. Entendí que somos diferentes.

Un director técnico italiano, un coreógrafo inglés, un jefe de foro libanés, relaciones públicas por una ucraniana, un productor mexicano y un coordinador de camerinos estadounidense es solo un pedacito del organigrama que muestra la ensalada de nacionalidades de la última producción en la que estuve. El resultado es grandioso: un magno evento con rasgos de flexibilidad, respeto y excelencia. Las vastas texturas que surgen de un grupo tan heterogéneo hacían de cada reunión de trabajo toda una experiencia. Para mí, la interculturalidad se resume en una palabra: riqueza.

Interculturalidad sabe a la incomodidad de enfrentarse continuamente a cosas nuevas, detona flexibilidad de pensamiento y de acción, al constante preguntarnos. Se siente descontextualizarnos: salgo de mí para ver desde ti. Genera hambre de construir. Los juicios y los supuestos superfluos no sobreviven. Interculturalidad propaga riqueza humana porque incita a la generosidad, el dar y recibir activo que no suma ni resta, sino que multiplica.

Es inevitable. Cuando debo trabajar con una persona que es culturalmente muy diferente a mí se agudizan mis sentidos y entro de inmediato en un estado de alerta y apertura. Seguro me enfrentaré a un reto en el lenguaje -verbal y no verbal-, tendremos diferencias al clasificar prioridades, formas de comunicación, toma de decisiones, resolución de problemas. Nos enfocaremos en lo importante. Los juicios no caben. La necesidad es de construcción. Me encanta la intriga de la oportunidad.

Un ambiente intercultural en el trabajo genera una dinámica que invita a aceptar la diversidad humana y fomenta la oportunidad de enriquecimiento. El objetivo no es homogeneizar sino hacer de la variedad una ocasión.

Que existen muchas formas de discriminación es evidente. Segregación a causa de la incapacidad de aceptar diferencias y permitir una coexistencia que edifique. Yo creo en el ejercicio de descontextualizarnos, es decir, salir de nuestra zona (no necesariamente geográfica) para generar empatía con otras formas de vida humana. En un entorno que siempre está cambiando ¿qué haces para descontextualizarte constantemente?

La interculturalidad nos cuestiona. Nos evidencia el hecho de que nuestro modo de afrontar la vida no es el único, que existen otros hábitos y conductas. Algunas veces esta confrontación nos ayuda a cambiar de opinión, otras veces a reafirmar la nuestra o solo a registrar conscientemente que existen otras formas, es decir, a aceptar las diferencias. Nos estimula a sepultar generalidades y estereotipos que, claro está, interfieren terriblemente en un proceso creativo y estratégico.

Antes lujo, hoy asequible. Apostar por lo heterogéneo parecía más difícil, sobre todo por costos y una resistencia general. Ahora existen muchas formas de experimentar el intercambio cultural: programas universitarios, acuerdos entre países, esquemas de intercambio laboral entre empresas, trabajos por proyectos, la tecnología, etc. Es menester probar.

La diversidad no se limita a un plano internacional. Una ciudad ya tiene muchas oportunidades de intercambio, basta ver las muchas formas de vivir: sexos, edades, niveles socioeconómicos, religiones, formas de educación, personas con discapacidad, hábitos de consumo, preferencias sexuales, etc. Conviene salir del confort y explorar.

Interculturalidad es oportunidad, diversidad es fortaleza y el respeto a las diferencias una fiesta.

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Cultura del Reuso

“Cuando una vida termina otra comienza.
Creemos que lo viejo, olvidado o descartado puede renacer,
que cada cosa y cada persona tienen una historia qué contar.”
Leftovers

 

Giovanni, amante de las bicicletas y compañero de trabajo, llega a la oficina en una bici muy particular. Es vieja y linda. Me cuenta que había estado meses en la calle atada a un poste hasta que él decidió darle otra oportunidad de vida al recogerla y renovarla. Una bonita historia que desató mi curiosidad. ¿Quién la abandonó? ¿Qué caminos recorrió antes? ¿Cuántos años tiene? ¿Qué ha visto? ¿Por qué esperó a Giovanni? ¿Cuánta energía le queda?

La bici de Giovanni / Milán 2011

Que mi madre dirija un bazar de muebles y accesorios de segunda mano ha despertado mi fascinación por la cultura del reuso.  Muebles ávidos de una segunda oportunidad, dispuestos a contar historias, modificarse, alterar su naturaleza y transgredir su entorno. Reutilizar es un valor que integra conservación, respeto y transformación.

Reusar es hoy un desafío pues las cosas están, cada vez más, hechas para un uso fugaz. La ropa es un buen ejemplo cuando la dinámica es comprar prendas con buen diseño pero de baja calidad. Un juego asumido ya por el consumidor el de gastar menos pero con mayor frecuencia. Prioritaria la novedad sobre la clase. No interesa la permanencia. Este ejemplo aplica a la joyería, utencilios, automóviles, muebles, casas, negocios, espacios e inclusive relaciones interpersonales. Cuando la esperanza de vida es más alta que nunca, se viven menos los conceptos de continuidad, permanencia y estabilidad.

Enmedio de lo que parece ya un sistema de “usar y tirar”, surge la necesidad de encontrar otras formas de consumo. Reutilizar conlleva una exgencia básica: pensar un objeto diversamente. Imaginarlo en otro contexto, transformarlo o desobedecer su naturaleza. Se ajusta poco a la mecánica general. A los que se aventuran a reusar, los considero infractores por romper esquemas y convertir una idea en acción que se adecúa muy bien a nuestro modo de vida.

Me gusta la idea de infringir con creatividad: convertir una vieja tina en sillón, una serie de llaves españolas en perchero, tapizar un mueble, combinar telas al vestir, graduar unos lentes de los años setentas, etc.  Casi todo amerita una segunda, cuarta o enésima oportunidad. Me pregunto ¿cuántas formas de vida tiene un objeto?

Las tiendas vintage es algo que me gustó descubrir en estos meses que llevo en Milán o por las calles de la colonia Roma en la Ciudad de México. Objetos muy comunes que sobreviven el paso del tiempo y que son altamente valorados por su originalidad y lo que representan. Lo viejo está de moda, old is in.

No menos importante es el valor ecológico de esta práctica. Claramente, el ejercicio de reuso demanda un cambio en la cultura de consumo que beneficia al medio ambiente. Creo que es una forma honesta de generar una conciencia real sobre la ecología. De toda la información que recibimos acerca del reciclaje, me pregunto si no es más una moda que una convicción, un estatus o una obligación. Que el reutilizar sea el medio y no el fin es plausible.

Al final nos buscamos en la historia de otros que queremos hacer nuestra. Trascendemos incluso en nuestros objetos. Nostalgia de pasado. Ánimo de revolucionar.  Ya no me rehuso, me reuso.

 Ligas interesantes:

 

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La herencia de los hábitos

A mi abuelo Chucho

 

Te moriste. Y la muerte es buena porque te hace pensar en la vida. Meses pasaron ya y aún repaso las cosas que heredé de ti. Te reías porque me encanta tener tus canas brillantes, pero me gusta más saberme con la fortuna de algunos de tus hábitos.

La psicología dice -lo sabrás bien como médico- que un hábito es un comportamiento repetido regularmente. Los hay de toda categoría: comer, fumar, ejercitarse, la sobremesa, la televisión, uso del tiempo libre,  la forma de trabajo, comprar, comunicarse, escribir, dormir, relacionarse, el proceso de razonamiento, etc. Mi reflexión es muy sencilla: tenemos la posibilidad de trascender con nuestros hábitos en las personas que nos rodean.

Ya ves, te moriste y yo estudio mi conducta: ¿Qué hábitos me han heredado? ¿Cuáles me gustaría heredar a los demás?  Ya identificado lo que estoy replicando, más importante es decidir qué quiero mantener, cambiar o eliminar y ojalá poder lograrlo.

Por fortuna, los hábitos también se relacionan al arte. La lectura, por ejemplo, es un hábito que aprendí de ti. Tu biblioteca, las horas que dedicabas a leer, tu conversación variada y profunda, pedirte un consejo literario, tener tus libros por semanas y después, analizar.

Dibujo hecho por Ricardo Rosales

El Sistema de Información Cultural[1] publicó los resultados de una encuesta realizada en 2004 a los mexicanos respecto a las prácticas y consumo culturales. Seguro que no te sorprenderás, tú futbolero, que respecto al tiempo libre, ir al estadio es más habitual que asistir al teatro, danza o alguna exposición; tampoco de que visitar una biblioteca ocupe el penúltimo lugar. Como sociedad es aún muy común que nos reunamos a convivir en familia (otro hábito que fomentaste arduamente y que espero mantener por mucho tiempo). Interesante el resultado de esta encuesta al indicar que las mujeres, en su tiempo libre, escogen más actividades artísticas que los hombres, tal vez se relacione a la sustitución por la preferencia de los hombres a actividades deportivas. Un dato de alarmarse, solo un 4.2% de la población toma clases de alguna disciplina artística y la segunda razón más poderosa para no hacerlo, después de no tener tiempo, es que simplemente no nos interesa.

Tomado de Encuesta nacional de prácticas y consumo culturales, CONACULTA, http://sic.conaculta.gob.mx/ primera edición 2004.

Tomado de Encuesta nacional de prácticas y consumo culturales, CONACULTA, http://sic.conaculta.gob.mx/ primera edición 2004.

 

Tengo la fantasía de que algún día las prácticas artísticas al menos formen parte de la lista a considerar cuando hacemos planes.  Que digamos “¿qué hacemos el viernes?” y se vengan a la mente cuatro o cinco opciones y entre ellas estén ver danza y alguna exposición. Yo tengo el hábito de asistir al teatro y puedo decirte, con mucho orgullo, que ya lo estoy heredando a personas que están cerca de mí y es que ¡quiero que sepan cómo se siente el teatro!

Es menester tomar consciencia de que, si lo que hacemos regularmente lo estamos transmitiendo, entonces es un compromiso con los que queremos. Más aún sabiendo que la herencia no es solo a los hijos y nietos, sino también a y de amigos, pareja, compañeros de trabajo, alumnos, etc. Generar un gran patrimonio de ver y crear. Preocupan los malos hábitos y más aún los malos que no reconocemos o no queremos reconocer.

El valor de la herencia es que intentamos replicar porque queremos que el otro sienta lo que nosotros sentimos. Coincidirás conmigo, después de todo, que al heredar hábitos creamos lazos. Compartimos y alimentamos nuestras relaciones a través de la afinidad.

Gracias por el legado. Me gusta saberte en mí.  

Quédate cerca… tu pingüica.

Escríbeme a: mestermenester@gmail.com


[1] Encuesta nacional de prácticas y consumo culturales, CONACULTA, http://sic.conaculta.gob.mx/ primera edición 2004.

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Festivalitis

Mi interés por el arte se debe a que, entre otras cosas, tuve la fortuna de ver excelentes proyectos artísticos en los principales festivales de mi estado natal. Por ejemplo, recuerdo muy bien la puesta en escena “Cuarteto” dirigida por Margules que se presentó en un Festival Internacional de Arte Contemporáneo en el Teatro Doblado,  “Don Quijote” representado por el Ballet de Kiev en el Festival Internacional Cervantino y mi primer bombardeo de cine en el Centro de Convenciones de Guanajuato en el marco del Festival Expresión en Corto.  Los festivales acercan, siembran y nutren.

 

La oferta de festivales es enorme. Las variables son: tema, propósito, duración, periodicidad, plaza, convocatoria (local, nacional o internacional), público objetivo, etc. Cada festival, tiene un nicho de mercado muy específico de acuerdo a su objetivo que puede ser conmemorar un suceso, apoyar una causa determinada, ofrecer un atractivo turístico en la ciudad, promover intercambio cultural, generar ideas o simplemente los que pretenden brindar a la población la posibilidad de asistir durante un período concreto a actividades extraordinarias.

Sin embargo, hoy parece que vivimos el fenómeno festivalitis. No es sólo que la primera opción o respuesta para una demanda de programación cultural sea justamente un festival, sino que de pronto surgen programas carentes de discurso, de un sentido y un pensamiento, que no generan un valor excepcional en su entorno y un diálogo con la ciudadanía –porque la cultura es justamente compartir un sentido-. Festivalitis no es el emerger de festivales, sino la falta de propuestas alternativas.

 

En un mundo donde los cambios son aceleradísimos y las relaciones (entre personas, instituciones e ideales) son cada vez menos consistentes, sobrevivir es una labor ardua. A falta de una base sólida, muchos festivales se enfrentan a una vida corta. Los que trascienden  se deben a la creatividad de sus objetivos y formas, la solidez de la organización interna, las facultades de financiamiento (propio o externo), el análisis real y exhaustivo de la dinámica que los rodea y la ejecución de estrategias con una visión de permanencia.

Un problema que se deriva de este festivalitis, es la concentración de éstos en una época del año. Esto no es exclusivo de México, donde el 53% de los festivales se celebran en sólo cuatro meses del año (marzo, abril, octubre y noviembre)*. Esta condensación es inconveniente para el público así como para los creadores, pues de pronto se ven inmersos en una mecánica sujeta a la estacionalidad que poco aporta a una consistencia laboral y, por lo tanto, creativa.

 

Dentro de un festival, el intercambio y la oportunidad de acceder a eventos que sería complicado ver en un ritmo cotidiano, es lo más valioso para el espectador y para los creadores interesados en llegar a otra ciudad, estado o país.  Sin embargo, el festivalitis es como una metralleta: mucho -a veces muy bueno- para ver o proponer en poco tiempo y después otro período largo de aridez. Difícilmente lograremos desarrollar un interés profundo si las personas tienen una o dos buenas experiencias artísticas al año. Las expresiones artísticas forman parte del desarrollo social.  Intentemos ser menos correctos, inquietemos, sorprendamos, aceleremos el ritmo y cultivemos relaciones permanentes. La demanda real de la sociedad es una oferta cultural diversa y, sobretodo, constante.

Celina Padilla Vázquez

Escríbeme a: mestermenester@gmail.com

* Nota: todos los datos estadísticos aquí mencionados se tomaron del Sistema de Información Cultural http://sic.conaculta.gob.mx. Abril, 2010.

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De Fábrica a Centro de Arte

A veces pienso que los lugares nos escogen. Los mejores sitos los he encontrado casuísticamente, como la Fábrica La Aurora en San Miguel de Allende. Sólo entrar captó mi atención. Era una invitación a caminar entre pasillos y patios mostrándome objetos de arte, restaurantes, estudios, fotografías, ropa, pinturas, joyas, muebles, libros y antigüedades  que se mezclaban con maquinaria y formas no convencionales. Ahí huele a historia y a contemporaneidad.

Fábrica La Aurora / Foto: Jesús Herrera

San Miguel de Allende, además de ser una ciudad que por su arquitectura e historia es foco de turismo, es ya un reconocido municipio por sus interesantes propuestas artísticas. Visitar la Fábrica La Aurora es menester, no sólo por recorrer todos sus recovecos y tener la opción de adquirir cosas creativas y originales, sino también por conocer un buen ejemplo de gestión cultural. Convertir un recinto que se puede considerar patrimonio histórico, en una propuesta artística autosustentable.

Desde 1902 y por casi noventa años, La Aurora fue una fábrica de hilados y tejidos de alta calidad, fue por mucho la actividad económica más importante de la ciudad y, por lo tanto, relevante en la cultura de los sanmiguelenses.  Fue hasta 1991, después de once años de haber permanecido cerrada, que La Aurora se reinventa a través de una empresa cultural. Hoy, conserva su arquitectura original y, con algunas pequeñas remodelaciones,  cuenta con cuarenta locales que tienen una línea en común: arte y diseño.

Fábrica La Aurora / Foto: Jesús Herrera

Pero hay otras cosas qué hacer en la Fábrica La Aurora. Hay comunicación.  Es un lugar con emoción, abierto y propositivo. Porque no es suficiente ser bueno en un proyecto cultural, hay que ser diferente y en eso radica su valor. A lo largo del año se organizan distintas actividades; por ejemplo, la fiesta de aniversario celebrada el pasado seis de febrero o los jueves en que los artistas abren sus estudios para el público, exhibiciones, además de la constante oferta de talleres y cursos.

Existen otros lugares como La Aurora que rehabilitan edificaciones. Roca Umbert Fàbrica de les Arts,  un lugar en Granollers, España, que también me sedujo, pues ha aprovechado veinte mil metros cuadrados de una vieja fábrica textil en el centro de la ciudad, para la formación, difusión y producciones artísticas;  La galería Tate Modern, ubicado en un viejo edificio de central eléctrica en Londres, representativo de la Inglaterra industrial; UfaFabrik Berlin, que utilizó una sucursal de copias de películas a punto de ser demolida, con un proyecto llamado: “la segunda vida de la UFA” para hacer el Centro Internacional de Cultura y Ecología; un ejemplo más cercano aún, es la galería La Tenería en la ciudad de León, Guanajuato, idea genial por aprovechar una edificación que, en definitiva, representa la cultura municipal: ¡una tenería!

 

Recuperar una construcción en desuso para un fin artístico tiene, desde mi perspectiva, tres valores muy importantes. Por un lado, el concepto verde de reutilizar, que tiene que ver con el aprovechamiento del espacio y el material de un lugar, evitando así extender la mancha urbana a territorio virgen. En segundo término, la conservación histórica de un inmueble respetando su esencia. Y por último, la aceptación implícita del edificio por parte de la sociedad en la que se encuentra, por ser un territorio inmerso ya en la cultura local. Un espacio artístico acrecienta su importancia en la medida que se reconozca en su contexto social.

Texto publicado en la Revista Cultural San Gabriel no. 30 / http://www.centroculturalsangabriel.com/revista/revista-30.pdf

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