“No esperes resultados distintos haciendo lo mismo” Einstein
“¡Tenemos un problema muy grave!” me dijo Paolo cuando entró a mi oficina temporal en Ucrania mientras yo trabajaba absorta en silencio. Levanté la vista de inmediato y le di toda mi atención. Lo escuchaba mientras hablaba en un tono más alto de lo normal intentando explicarme en inglés (segundo idioma de ambos) la gravedad del asunto. Subrayaba sus frases con un lenguaje corporal que incluía movimientos bruscos de los brazos que subían y bajaban con rapidez. Su mirada buscaba mis ojos ametrallando el final de cada frase que agitaba más y más su respiración. Por un momento dejé de escucharlo. Pensé: tendremos que cancelar el evento. Otros tres episodios así me tomaron entender que en la cultura laboral italiana, manotear y agitarse es muy normal y no necesariamente indica tanta gravedad. Entendí que somos diferentes.
Un director técnico italiano, un coreógrafo inglés, un jefe de foro libanés, relaciones públicas por una ucraniana, un productor mexicano y un coordinador de camerinos estadounidense es solo un pedacito del organigrama que muestra la ensalada de nacionalidades de la última producción en la que estuve. El resultado es grandioso: un magno evento con rasgos de flexibilidad, respeto y excelencia. Las vastas texturas que surgen de un grupo tan heterogéneo hacían de cada reunión de trabajo toda una experiencia. Para mí, la interculturalidad se resume en una palabra: riqueza.
Interculturalidad sabe a la incomodidad de enfrentarse continuamente a cosas nuevas, detona flexibilidad de pensamiento y de acción, al constante preguntarnos. Se siente descontextualizarnos: salgo de mí para ver desde ti. Genera hambre de construir. Los juicios y los supuestos superfluos no sobreviven. Interculturalidad propaga riqueza humana porque incita a la generosidad, el dar y recibir activo que no suma ni resta, sino que multiplica.
Es inevitable. Cuando debo trabajar con una persona que es culturalmente muy diferente a mí se agudizan mis sentidos y entro de inmediato en un estado de alerta y apertura. Seguro me enfrentaré a un reto en el lenguaje -verbal y no verbal-, tendremos diferencias al clasificar prioridades, formas de comunicación, toma de decisiones, resolución de problemas. Nos enfocaremos en lo importante. Los juicios no caben. La necesidad es de construcción. Me encanta la intriga de la oportunidad.
Un ambiente intercultural en el trabajo genera una dinámica que invita a aceptar la diversidad humana y fomenta la oportunidad de enriquecimiento. El objetivo no es homogeneizar sino hacer de la variedad una ocasión.
Que existen muchas formas de discriminación es evidente. Segregación a causa de la incapacidad de aceptar diferencias y permitir una coexistencia que edifique. Yo creo en el ejercicio de descontextualizarnos, es decir, salir de nuestra zona (no necesariamente geográfica) para generar empatía con otras formas de vida humana. En un entorno que siempre está cambiando ¿qué haces para descontextualizarte constantemente?
La interculturalidad nos cuestiona. Nos evidencia el hecho de que nuestro modo de afrontar la vida no es el único, que existen otros hábitos y conductas. Algunas veces esta confrontación nos ayuda a cambiar de opinión, otras veces a reafirmar la nuestra o solo a registrar conscientemente que existen otras formas, es decir, a aceptar las diferencias. Nos estimula a sepultar generalidades y estereotipos que, claro está, interfieren terriblemente en un proceso creativo y estratégico.
Antes lujo, hoy asequible. Apostar por lo heterogéneo parecía más difícil, sobre todo por costos y una resistencia general. Ahora existen muchas formas de experimentar el intercambio cultural: programas universitarios, acuerdos entre países, esquemas de intercambio laboral entre empresas, trabajos por proyectos, la tecnología, etc. Es menester probar.
La diversidad no se limita a un plano internacional. Una ciudad ya tiene muchas oportunidades de intercambio, basta ver las muchas formas de vivir: sexos, edades, niveles socioeconómicos, religiones, formas de educación, personas con discapacidad, hábitos de consumo, preferencias sexuales, etc. Conviene salir del confort y explorar.
Interculturalidad es oportunidad, diversidad es fortaleza y el respeto a las diferencias una fiesta.

















